miércoles, 12 de diciembre de 2012

METRO DE MADRID

Tengo que reconocer que el Metro es el medio de transporte que más me gusta para moverme por la gran ciudad, te evitas atascos, en condiciones normales es rápido y si usas las líneas antiguas los transbordos son rápidos, otra cosa son las líneas nuevas con pasillos y escaleras interminables, con todo, es sin duda una gran alternativa al coche y los atascos.
Puedes ir leyendo tranquilamente….bueno, si no coges el vagón en horas punta, o escuchar música con los modernos y diminutos aparatos reproductores; también podemos encontrar a los que van leyendo algún libro o el periódico, aquí tenemos dos variantes, el que compra el periódico y el que se sitúa al lado del dueño del periódico para ojear las páginas que en ese momento lee el dueño del diario, otro tipo de lectores son los del libro electrónico, cada vez se ven más de éstos últimos y menos de los primeros; luego tenemos los que van mandando mensajes o chateando, la tecnología también ha llegado al subsuelo de Madrid y ya disponemos de wi-fi para comunicarnos con el exterior con nuestro celular, quién nos iba a decir, hace no mucho tiempo, que desde abajo del suelo de Madrid le podría mandar un mensaje con una foto que acabo de hacer en el propio Metro a un individuo que se encuentra en el otro lado del mundo…y todo con un teléfono…., y no podía faltar el que apura el viaje para echar una cabezadita.

Y en todo viaje en Metro que se precie no puede faltar el que nos amenicen el trayecto con  músicas y canciones, personas que nos deleitan con un mini concierto de una duración aproximada de dos estaciones bajo el módico precio de la voluntad del oyente, con mayor o menor acierto, sus acordes se mezclan con las conversaciones de los viajantes, recuerdo, no hace mucho la actuación de un “rapero” que durante cuatro estaciones de la línea 6 nos deleitó con un gran tema sobre la situación actual del país, cosechó un gran éxito tanto de alabanzas como de recaudación, merecido lo tuvo; últimamente también podemos ser arengados por una especie de modernos predicadores que te cuentan bien canturreando, bien orando las virtudes de su religión, no piden por ellos, piden por el alma del resto de la humanidad; otra visita habitual por los vagones del Metro, por desgracia cada vez con mayor frecuencia, es la de las personas que va pidiendo una ayuda para poder subsistir, como en botica habrá de todo, algunos casos serán puros embustes, pero otros serán por necesidad, son tiempos duros estos que corren y cualquier lugar es bueno para sacar unas monedas fruto de la generosidad del prójimo.
Generosidad que no siempre se observa en estos tiempos, martes por la tarde, Línea 2 del Metro dirección Cuatro Caminos, los vagones van bastante llenos, entra una mujer “muy” embarazada, nadie se levanta, pasa una estación y ningún asiento queda vacio, la mujer en “estado de buena esperanza” permanece en pie, se cierran las puertas,  otra mujer, de cierta edad recrimina en voz alta el comportamiento a las personas que permanecían sentadas, la gran mayoría bastante jóvenes, enseguida una chica que estaba leyendo se levanta avergonzada y le cede el sitio a la mujer embarazada pidiendo disculpas por no haberse dado cuenta….la mujer mayor que recriminó la actitud de los más jóvenes siguió de pie, tuvo que ser otro señor también de cierta edad el que le cedió el asiento….educación para la ciudadanía
El amigo Esca dice que los de ciudad vivimos en el termitero, me acuerdo de él cuando paso por la boca de una estación de Metro y observo cómo “las termitas” salen al exterior.

Os dejo con una secuencia de fotos de lo que puede ser un viaje por el Metro de Madrid, escenas cotidianas del “gran termitero”.

Saludos desde el subsuelo.



entrada al subsuelo

su billete, gracias

antes de entrar, dejen salir
 
bajando....

la espera

que no llego!!!

movimiento

desde dentro del vagón

me bajo aquí

hacia la superficie

al final del túnel

en vivo y en directo

emergiendo
 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

CASTAÑAR DEL TIEMBLO

En el valle de Iruelas, en las primeras estribaciones de la Sierra de Gredos y dentro de la provincia de Avila nos encontramos con el pueblo del Tiemblo que posee en su término municipal un hermoso castañar, conocido como Castañar del Tiemblo.


Pasear por el castañar, en cualquier época del año, es un lujo que se debe cuidar y disfrutar, pero es en los meses de otoño cuando nos encontremos con todo el encanto de este bosque…..y también con la mayor afluencia de gente de todo tipo y condición, esta ruta es ideal para disfrutar de la naturaleza con niños, dado la poca dificultad para recorrerlo.

Previo pago de una controvertida tasa municipal por vehículo y ocupante, el acceso desde el pueblo del Tiemblo se hace por una pista forestal entre pinos, en nuestro recorrido no será extraño encontrarnos con las curiosas ardillas o el asustadizo corzo. Llegaremos a un pequeño parking donde dejar el vehículo para iniciar la ruta por este viejo castañar, el sendero, bien delimitado por las marcas blancas y amarillas, típicas de los “pequeños recorridos” lo encontraremos alfombrado con las características hojas dentadas y los erizos que cubren las castañas.

Pronto llegaremos a un refugio tosco en su exteriro y con una decoración en su interior que asombrará a los más pequeños, a 100 metros del mismo nos encontraremos con el Abuelo, emblema del castañar, con una edad estimada de 525 años, y sus 19m de altura y otro tanto de perímetro, ha servido de refugio a los pastores de la zona que buscaban guarecerse de las inclemencias del tiempo en su hueco tronco, dándole un aspecto fantasmagórico, como salido de cuento de bosque encantado, aun se puede apreciar en las paredes del árbol las huellas del humo de las hogueras que hacían los pastores para calentarse; todas las primaveras sus vástagos rebrotan a su alrededor como queriendo proteger al patriarca.


Siguiendo con el paseo el camino nos lleva a la pradera de la Yedra, con sus pastos verdes, la fuente de piedra en donde saciar la sed en meses más calurosos y como toda pradera que se precie el arroyo que lo alimenta y que desembocará en el Alberche, la panorámica de las laderas de castaños, acebos, serbales, pinos y robles de la vertiente sur del macizo de Gredos será el colofón a este bello rincón. 

Es este un buen sitio y un buen momento para darnos un descanso y tomar un pequeño almuerzo que nos de fuerza para continuar con nuestro paseo por el castañar.


Tras la pradera el camino inicia un leve ascenso para adentrarnos nuevamente en el castañar, es ahora cuando nos toparemos con los mejores ejemplares de castaños, árboles centenarios de gruesos troncos y amplias copas, dando cobijo a conejos, zorros, jabalís y corzos en tierra y protección a buitres, águilas, milanos y una gran variedad de pajarillos; destacar que setenta parejas del gran buitre negro, en grave peligro de extinción, tiene aquí su zona de reproducción.
 

El principal problema de este castañar es la masiva afluencia de público, sobre todo en los meses otoñales, si bien la cantidad de gente no sea quizá el mayor problema pero sí el comportamiento de unos pocos, desperdicios abandonados en el bosque (no puedo entender como hay personas que nos dejen su basura en el monte, con lo fácil que es llevársela en una bolsa y tirarla en los contenedores para este fin situados en el aparcamiento al final de la ruta), también se puede ver a gente con sacos de castañas que después tendrán que tirar pues, al ser castaños silvestres los que predominan en el bosque, el sabor de las castañas será amargo, sin olvidarnos de la recolección de setas típica de estas fechas, no es extraño ver en nuestro paseo un buen número de setas rotas o pisadas. Será responsabilidad del visitante que estos pequeños paraísos naturales puedan ser disfrutados por todos en un futuro.



Tras dar buena cuenta de unas patatas revolconas aderezadas con abundante ajo y pimentón rematadas con unos torreznos y regadas con vino de pitarra casero en alguno de los muchos restaurantes del Tiemblo, no podemos dejar de visitar los cercanos Toros de Guisando, lugar donde se firmó el Tratado conocido como de los “Toros de Guisando” en el siglo XV por el que el Rey de Castilla, Enrique IV reconocía a su hermana Isabel I de Castilla  como Princesa de Asturias y con ello heredera al trono, la futura Reina Isabel la Católica. 

Estas cuatro esculturas, identificadas como toros o verracos (cerdos sementales) datan del siglo II a.C., durante la Edad de Hierro; son muchas las teorías sobre la función de estas figuras, una de ellas es la cree que sería como protección a la ganadería, tan importante en la subsistencia de la época.

Dada por finalizada la visita a este lugar lleno de historia, sólo nos resta la vuelta a la gran ciudad.